Las tormentas como las tristezas en ocasiones mojan tus ojos, no retengas esas gotas, deja que se vayan y sonríe.
Después de la tormenta siempre viene la calma, es bueno deshacerse de las penas que te acompañan y seguir adelante con alegría. Llorar no es tan malo como algunos creen. Cuando una barca tiene un escape de agua hay que ir vaciándola para no hundirnos, pues en la vida nos pasa lo mismo.




